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Nací en un otoño y como el ave Fénix subí al cielo contemplando la hermosura de la Aurora Boreal.
Mi vida transcurre en el Central azucarero de Vertientes, Camagüey, Cuba, y como el trinar de los sinsontes, como el vuelo de los papalotes entre las nubes y un corazón como fruta fresca llenó de colores mi infancia. Hoy sólo sé que comí de la tierra y bebí de la dulzura de las aguas.
Me gusta saber que hablo del amor, del amor a veces imaginario, encontrado, a veces sufrido o equivocado, pero pobre de aquel que no haya percibido ese dulce zumbido celestial y electrizante de la vida.
Hace muchos años escribí algo y solo me queda este recuerdo que lo llevo siempre como un broche en mi hombro y dice así:
“Que equivocados pasos encaminados
que adversidad devasta al universo”
Entonces comprendí que desde ya me preocupaba el sentido de la palabra universo, ya lo sentía en el centro de mi pensamiento.
Debo confesar que no estoy graduada de ninguna Universidad del Mundo, soy una mujer autodidacta. También debo confesar que muchos famosos anidaron en mi razón, Federico García Lorca,
Alfonsina Storni, César Vallejo y José de Espronceda.
Bañan sus aguas azules
a la mayor de las Antillas.
Despliegan sus alas
las ondas del mar.
Cortó con furia la horda, el horizonte,
quebrando la voz del verde Caimán
Cuando las lágrimas de un pueblo
desaten las fauces
No habrá presa que no quepa
en su vientre. |